Cancún.— La Iglesia católica en Quintana Roo atraviesa un periodo de duelo tras el fallecimiento de Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, figura clave del catolicismo en el Caribe mexicano y primer obispo diocesano de la Diócesis de Cancún-Chetumal, responsabilidad que desempeñó durante más de dos décadas.
Integrante de la congregación de los Legionarios de Cristo, Elizondo Cárdenas fue nombrado obispo prelado en 2004 por San Juan Pablo II, en un contexto particularmente desafiante para la Iglesia local, marcado por el acelerado crecimiento poblacional, la migración constante y la diversidad cultural impulsada por el turismo.
Un liderazgo en tiempos de transformación
Con la elevación de la prelatura a diócesis en 2020, Pedro Pablo Elizondo se convirtió en su primer obispo diocesano, consolidando una estructura pastoral acorde con la nueva realidad social, económica y cultural del estado. Durante su ministerio, impulsó la expansión de parroquias, el fortalecimiento de la educación católica y la formación de agentes pastorales, además de promover el diálogo social y comunitario en una entidad caracterizada por su dinamismo económico y multiculturalidad.
Su liderazgo y visión pastoral fueron reconocidos en distintos ámbitos, entre ellos con la Medalla Liderazgo Anáhuac, otorgada por su aportación al desarrollo educativo y social de la región.
El cierre de una etapa histórica
En diciembre de 2025, al cumplir la edad canónica, presentó su renuncia al gobierno pastoral, misma que fue aceptada por la Santa Sede, marcando el inicio de una nueva etapa para la Iglesia local con el nombramiento de Salvador González Morales como nuevo obispo de Cancún-Chetumal.
El fallecimiento de Pedro Pablo Elizondo Cárdenas cierra un capítulo fundamental en la historia reciente de la Iglesia en Quintana Roo. Su legado permanece vivo en las comunidades que acompañó durante más de 20 años y en la huella pastoral que dejó en una región estratégica para México y América Latina.


