Salvan vidas de niños por aire, pero muestran rezago de los Servicios de Salud en Quintana Roo

Quintana Roo.— Por lo menos tres niños lograron salvar sus vidas gracias a un traslado aéreo realizado en días recientes, en una operación médica que permitió su atención en unidades especializadas fuera del estado. La acción oportuna evitó un desenlace trágico para las familias involucradas. Sin embargo, detrás de la noticia alentadora se asoma una realidad estructural que no puede ignorarse: Quintana Roo continúa sin contar con la infraestructura hospitalaria suficiente para atender casos de alta complejidad.

Cada evacuación aérea representa esperanza para una familia, pero también exhibe una carencia persistente en el sistema de salud estatal. La necesidad de trasladar pacientes críticos a otras entidades del país revela el rezago en la creación de hospitales de tercer nivel y unidades de alta especialidad, tanto en el IMSS como en el resto de los servicios públicos de salud que operan en la entidad.

En un estado que mantiene uno de los crecimientos poblacionales más acelerados del país y que aporta millones de pesos al erario nacional a través del turismo y la actividad económica, la infraestructura hospitalaria no ha evolucionado al mismo ritmo. Las emergencias neonatales, cirugías complejas y padecimientos graves continúan dependiendo de la disponibilidad de camas y especialistas en otras ciudades.

El traslado aéreo reciente salvó vidas, pero también dejó en evidencia que la solución definitiva no está en la logística de emergencia, sino en la inversión sostenida en infraestructura médica dentro del territorio estatal. La ausencia de hospitales de alta especialidad obliga a que pacientes en estado crítico sean movilizados cientos de kilómetros para recibir atención adecuada.

Durante los últimos años, mandatarios estatales han asumido el cargo prometiendo fortalecer el sistema de salud, ampliar la red hospitalaria y garantizar el abasto de medicamentos. Sin embargo, al concluir sus administraciones, las carencias siguen presentes. Los gobiernos entrantes suelen responsabilizar a sus antecesores por la falta de insumos y el deterioro de las instalaciones, mientras la población continúa enfrentando la escasez diaria.

El problema no se limita a infraestructura. El desabasto intermitente de medicamentos, la falta de personal especializado y la saturación de clínicas son parte de una cadena de deficiencias que impactan directamente en la calidad de vida de miles de familias. La salud pública, uno de los pilares fundamentales del bienestar social, permanece como una deuda histórica en la entidad.

Quintana Roo contribuye significativamente al presupuesto federal, pero el retorno de esos recursos no se refleja proporcionalmente en hospitales equipados con tecnología de punta ni en unidades de cuidados intensivos suficientes para atender la demanda local. La dependencia de traslados foráneos para casos críticos demuestra que el crecimiento económico no se ha traducido en un fortalecimiento integral del sistema sanitario.

Las historias de niños que sobreviven gracias a un traslado aéreo conmueven y generan reconocimiento hacia el personal médico y de emergencia. No obstante, también obligan a plantear una reflexión de fondo: después de décadas de desarrollo turístico y expansión urbana, el estado aún carece de la infraestructura necesaria para resolver emergencias médicas complejas dentro de su propio territorio.

Salvar vidas en el aire es una hazaña admirable. Garantizar que no sea necesario hacerlo debería ser la prioridad.